¡NO HAGÁIS LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO INSENSATOS, MEJOR TALLEMOS UN SANTO!

Date: 28 October, 2015 Categories: Article Comments: No Comments Share:

“Uno no reconoce a la persona amada por sus cualidades
o logros, sino por los verbos que puedan satisfacerla.
Sus necesidades pueden ser muy diferentes de las del amante,
pero crean un valor: el valor de ese amor.”
John Berger

Mientras el techo de su iglesia adolece de goteras intermitentes y las nuevas generaciones de potenciales feligreses prefieren irse de cañas que donar la cuota al cepillo (porque ni tan siquiera se pueden permitir el dispendio) lo beatos del diseño gráfico siguen encendiendo velas a sus santos. Esta víspera de Navidad, la llamita temblorosa de sus plegarias danzará por San Mariscal, cuya estatua mira achispada a los allí congregados mientras frotan sus cerillas contra el dorso humedecido de la caja. “Cada día cuestan más de encender estas condenadas”, murmuran los beatos con inquina.

San Mariscal ocupa un lugar privilegiado en su santoral, incluso los beatos le han reservado un lugar calentito en el quórum de su iglesia, estratégicamente alejado de las impías goteras. Dicen que San Mariscal obró milagros allá por los noventa, irradiando la palabra del Dios del Diseño allende los mares pero, vistas las prebendas económicas de las que hoy goza la profesión, el eco de sus letanías debió quedarse en el pan de su mesa que, según dicen, repartió frugalmente, miga a miga, entre sus 40 apóstoles asalariados. Nada que objetar.

También cuentan que San Mariscal es un “genio”, y mira que he buscado el porqué, pero ni en sus más fervorosas hagiografías lo encuentro. Desecho la posibilidad de que los beatos confundan fama con genialidad, porque entre ellos se encuentran gentes cuyo criterio respeto. Pero con los creyentes nunca se sabe. Si creen que una paloma pudo engendrar a una mujer, no me quiero imaginar lo que pensarán de un concepto, no sujeto más que a la ley subjetiva del propio gusto, como el de “genialidad”.

Hasta dicen que un día parió un perro, un poco contrahecho, eso sí, y de útero ajeno, pero parido al fin y al cabo. Juraría que una mañana soleada de verano lo vi retozando trotón por la verde pradera de aquella España tuerta aún de franquismo. Lamiendo la mano de los señores del Olimpo y defecando en el portal de mi retina que, de tanto verlo corretear calle arriba y calle abajo, casi pierde la perspectiva de esa época felipista, corrupta y mediocre que reptaba bajo el brochazo colorista y naif que el mediático santón le dedicó abstraido.

Dicen que, como San Mariscal es un santo “raro”, una vez le asaltó la ocurrencia de “que cada oficina de la extinta Bancaja, con sus más de 1.300 sucursales fueran diferentes, cada una de un color.” Y digo yo… ¡¿Por qué no construir otras 1.300 oficinas para la ocasión y redecorarlas todas diferentes también?! Total, como a los ateos nos sobraba el dinero público, antes y ahora, bien hubiera estado financiar las “rarezas” de San Mariscal para alborozo de sus acólitos.

Un día, cargado aún de rarezas, a San Mariscal lo canonizaron con un Premio Nacional de Diseño. Algo que para un ignorante ateo como yo, no otorga al recién beatificado grafista un aura de invulvenariblidad frente a la crítica ajena. Pero a ver si el raro soy yo, y ahora eso de criticar solo se puede hacer en el caso de que el sujeto sea un paria que llega raspado a fin de mes. No sea que hagamos llorar al niño Jesús del sacrosanto consenso criticando a la gente guapa y “arruinada”. Porque, según dice el beaterío, hacer leña del árbol caido está feo, te salen granos y te quedas ciego. Mejor tallemos un santo.

Cuando un santo pone un huevo (de oro) lo beatos cacarean al unísono. Quien no cacarea con ellos es tachado por obra y milagro del Espítritu Santo como “envidioso”, porque confundir el sano disenso con la envidia también es muy del gusto de la gente piadosa. Consecuencia de inhalar tanto incienso gráfico, supongo.
Tratan los beatos de blasfemos a quienes no compartimos sus creencias. Tal vez porque no vivimos esa época dorada del diseño de cuando los Cobis se ataban con longanizas, se cobraban 42.000€ por hacer un logotipo o Consuelo Ciscar trataba a los diseñadores de usted mientras nos metía la mano en el bolsillo. La comparsa gráfica de todo aquello me produce estupor y recelo. Así de intransigentes somos los ateos.

En el fondo, y para finalizar, intuyen los beatos que este debate no va de santos ni de Mariscales, sino del futuro de una profesión que achica cada vez más agua desde el interior de sus iglesias destartaladas, mientras recuerda con nostalgia ensimismada una época que jamás volverá. Con un precario futuro por delante para la mayoría de sus miembros, seamos beatos o ateos. Y tal vez la única manera de hacernos más soportable ese constante achicar, sea haciendo leña para calentar el debate, aún a riesgo de quemarnos, aunque sea con la madera de nuestros amados santos.

Luis Demano
Año del señor 2015

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